Ir al contenido principal

Entradas

ALGUIEN DEBE TENER LA CULPA, por Nadia Salas

La indiferencia es la parálisis del alma. Antón Chéjov El cajón de los cubiertos rechina cuando lo abro para tomar una cuchara. Me siento, dejo el plato en la mesa y tomo mi celular al ver que se enciende de nuevo. Leo el mensaje de Jorge. “Fue el martes, morris, el día que nosotros fuimos a caminar”. Abro el link que pone al principio. Una nota periodística. Leo lo que dice: El cuerpo de un hombre que presentaba huellas de violencia fue localizado en lo profundo del cañón de San Lorenzo. Lo encontraron sobre un charco de sangre y descalzo; también encontraron unas botas a unos metros del cuerpo. La muerte pudo ser ocasionada por lapidación. No lograron identificarlo.      Termino de leer la nota con un nudo en la boca del estómago. Intento comer pero no hago más que remover el cereal con la cuchara. Barro el plato y el teléfono. Me quedo sentada un largo rato, pensando. Me voy a la cama sin cenar pero no duermo. Transcurre una hora y sigo tendida en la oscur...

EL FUNERAL, por Carlos Mata

En todos mis años como guardia, nunca había visto una situación como la de esa familia y su difunto. Por regla del nosocomio, no se les podía entregar el cuerpo hasta que la cuenta de urgencias quedara liquidada y como no estaba en sus planes financieros que el occiso muriera, les resultaría un tanto difícil.      Mientras la hija mayor conseguía el dinero, la viuda y la hija menor acompañaban al cuerpo. A esta última se le ocurrió sacar de su cartera una fotografía en vida del ahora pálido y ponerla en la mesita junto a la cama. Un poco más tarde la viuda dijo que tenía hambre y salió en busca de algo que comer. Cuando regresó, metió de contrabando una hamburguesa para su hija y una veladora para iluminar la foto del difunto. Por respeto al duelo, lo pasamos por alto. Una hora después empezaron a llegar los familiares. Pasaban de uno por uno a ver al hermano, al tío, al primo, al compadre; alguien más lo llamó cabrón y una mujer sólo lloró, así que desconocemos...

ESTACIONES, por Sylvia Georgina Estrada

1 En las tardes veo al chico que me gusta comemos paletas de limón sentados bajo un nogal en el fondo del patio. Cuando lo beso su boca no sabe dulce ni amarga y no sé cómo descifrarlo. 2 Todos los días el chico que me gusta me manda una canción a veces dos. Siempre busco las letras sé que hay en ellas un mensaje oculto para mí aunque a veces no lo encuentre. 3 El chico que me gusta me llevó a su casa jugamos a contar historias le dije te amo pero no era cierto. Quería mostrarle decir que sí que yo tenía un corazón. 4 ¿A dónde iremos ahora? A un lugar donde haga frío respondió el chico que me gusta. Le compré gorros y guantes un termo para el café. Mis obsequios no llegaron a sus manos. Primero cambió de teléfono después de barrio finalmente dejó la ciudad.

LA GRAN CASA REPÚBLICA, por Aida Sifuentes

El día que llegué a Saltillo fue un 11 de agosto del 2011. Lo recuerdo bien porque el 11:11 era un juego de adolescentes en el que podías pedir un deseo. No olvido ni la fecha ni todo lo que viví en esas primeras horas cuando llegué a la Residencia Universitaria. Bajo del autobús en el hospital del niño, tal como me indicó mi hermana. Llevo una dirección anotada en un papelito: Monclova, 1727; colonia República Poniente, entre Colima y Campeche, a un lado de TV Azteca. Debo buscar un taxi amarillo y pedirle que me lleve. Me parece una excentricidad neoyorkina que todos los taxis aquí sean del mismo color. En realidad sólo es una ilusión de la vida capitalina porque en Sabinas –mi pequeña ciudad natal– apenas hay un sitio de taxis frente a la central de camiones que trabaja muy a las fuerzas. Llueve mucho y tengo frío, pero mi suéter está escondido quién sabe dónde en mi maleta. Mi instinto de pueblerina me indicaba que deberíamos estar a 45° C y no calculé llevar una chamarra a...

UN LOTO NEGRO, por Juan Iván González

Centaine Bina ya no está en este mundo. Me dejó mientras viajábamos para San Zina. De ella no quedó nada. Ya lo reporté al hospital y ellos al gobierno y pusieron su nombre en una listita de afectados. Ahora estoy en cuarentena y no me han hecho más preguntas. No me dejan hablar con nadie y no dicen si me voy a curar. Se supone que todavía hay remedio siempre y cuando la infección no haya llegado hasta cierto punto, pero no me han dicho si ese es mi caso.      Hace unos tres años pasamos por lo que podría llamarse una invasión alienígena, pero no fue algo tan malo. Estaba casada con Pierre Paulo Bina. Hubo bastante pánico al principio. Se hablaba de cosas terribles, de guerras con otros planetas y cosas así. No sé qué hubiera hecho si mi esposo no hubiese sabido calmarme. Soy una persona bastante débil de carácter. Aunque sepa qué debo hacer, me tranquiliza mucho tener quien me lo diga. Tomar decisiones puede ser difícil, no creo sea malo necesitar quien lo hag...

TRAMPAS DE LA MENTE, por Aurora Alvarado

TRAMPAS DE LA MENTE Fue en un viaje hacia ninguna parte. Raúl y yo discutíamos. Algo apareció de pronto en la carretera y lo arrollamos con el coche. Creímos haberlo matado. Bajé del auto y cuando me acerqué, eso soltó un bufido inesperado y quiso engullirme completa. Desperté ensordecida, con la boca seca y ese rostro en mi cabeza. Era el de la mujer que conocí meses atrás. La que un tiempo di por muerta. NOTAS DE JAZZ Cruzo la mirada con el hombre de la fiesta. No me quita la vista. Su mirada me penetra. Avienta un palillo que quita de su boca bruscamente. Me sigue. Llego a casa, enciendo la vela. Se hace la luz en mi recámara. Comienzo a desvestirme. El hombre está ahí. Me mira por la ventana. “Entra”, le digo. Lo hace. Se acerca y me toma del talle. Apaga la vela y nuestros labios sellan el inicio de la noche.

MAZMORRA, por Elena Gómez

Los hombres construyeron una prisión                                                                le han puesto por nombre Mujer entre su ropa hurgan                                                    lloran                                                             se consuelan en esa celda a la que llaman Mujer                                                     la delinean c...