A Rocío García Colín El fuego muere poco a poco en el cielo, se extingue a la distancia, es un naranja intenso que se ahoga en la penumbra más allá del río, más allá del bosque del silencio. Todavía hay un azul en lo alto del cielo, es un bloque de cobalto profundo, frío, y que parece ir aplastando los pulmones de otro día más que se apaga. Los árboles de este lado del río están quietos, envueltos de un gabán negro, guardianes de un misterio que sólo revelan a aquellos que preguntan con el ojo. Los ruidos del crepúsculo despiertan, emergen de la tierra con sus alas invisibles y escapan de esa red delgada que sale disparada en un instante, un click de mi cámara. El río fluye. Lo oigo con sus voces susurradas, su canto profundo y místico, enfermo de nitrógeno, Mississippi River , avanzas como un tren líquido y sedoso hacia tu muerte en el Golfo. Lo que no guardó la cámara esa tarde fue mi rostro, mi cuerpo. De pie a orillas del río observo las últimas llamarad...
Sitio de creación literaria del Seminario de Literatura Francisco José Amparán