He vuelto a escribir y fue precisamente cuando te marchaste. Ahora no sé si llorar o agradecerte. No sé si eres un maldito o mi inspiración. ¿Qué eres exactamente? Porque yo nunca lo he tenido claro. ¿Cómo es que antes escribía cosas banales sobre el amor y luego, cuando te conocí, empecé a escribir tan profundo como el océano? ¿Qué tienes de especial? No creo que tengas nada de especial. De ordinario, todo. Te escribí “Alex, el tiempo, la distancia y yo” y me hizo sentir un poco muerta y malvada. Siento las palabras en mis dedos, las frases reptando por mis oídos para meterse y agujerear mi cráneo, cosa que no es fácil porque soy muy cabezota. Al principio bastante bazofia, pero luego un poco mejor. Entre más escribo, más recuerdo cuánto me gustaba. En la laptop o en un cuaderno, en las notas del celular cuando me veo fuera de casa, en un ticket por si acaso. Leo como loca unos poemarios que me prestó una amiga, o a Pizarnik, y leo en voz alta, dramatizando, entonando, volviendo...
Sitio de creación literaria del Seminario de Literatura Francisco José Amparán

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